Siete días dan para Tokio, Kioto y Osaka sin ir corriendo, si el orden es el correcto y el Shinkansen hace el trabajo sucio. Esta es la ruta que yo hago y que recomiendo a todo el que me pregunta.
Japón es el país que más veces me han preguntado y del que más me ha costado escribir, porque siete días son pocos y la tentación de meterlo todo acaba en un viaje de estaciones de tren. Así que aquí no vas a encontrar Hiroshima, ni Kanazawa, ni Hokkaido: vas a encontrar tres ciudades bien vistas y una montaña.
La ruta es Tokio, Hakone, Kioto, Nara y Osaka, en ese orden, y sale del aeropuerto de Narita o Haneda y vuelve por Kansai (Osaka). Volar a un aeropuerto y salir por otro cuesta prácticamente lo mismo y te ahorra un día entero de vuelta atrás. Es el mejor consejo de todo el artículo.
DÍA 1 – Tokio: Shibuya, Meiji y Shinjuku
Llegas con el cuerpo a nueve horas de distancia, así que el primer día es de calle y poca cola. Empieza por el cruce de Shibuya, súbete al mirador de Shibuya Sky si el cielo está limpio y luego métete en el bosque del santuario Meiji, que está a diez minutos andando y parece otro país.
Sales del santuario por Harajuku, bajas la calle Takeshita -adolescentes, crêpes y ruido- y compensas con Omotesando, que es la avenida elegante de al lado. Termina el día en Shinjuku: Omoide Yokocho y Golden Gai son dos callejones de bares de tres metros de ancho donde se cena de pie.
DÍA 2 – Tokio: Asakusa, Ueno y Akihabara
El Tokio antiguo está al este. Empieza temprano en el templo Senso-ji de Asakusa, que a las ocho de la mañana es un sitio y a las once es otro. Baja a la orilla del Sumida, cruza al Skytree si te apetece la vista y vuelve por Ueno, donde el parque y el Museo Nacional se llevan una mañana entera.
Por la tarde, Akihabara. Aunque no te interese el manga ni los videojuegos, merece la pena entrar en un edificio de siete plantas de máquinas recreativas para entender una parte del país que no sale en las postales.
DÍA 3 – Tokio: pescado, jardín imperial y bahía
Desayuno en el mercado exterior de Tsukiji, que sigue abierto aunque las subastas de atún se mudaran a Toyosu. Luego los jardines del Palacio Imperial y Ginza, que está al lado y los domingos corta el tráfico y se llena de gente paseando.
Si el día pide algo distinto, cambia la tarde por Odaiba o por una de las salas inmersivas de teamLab. Y si prefieres salir de la ciudad, Nikko está a dos horas de tren y sus templos son de los más bonitos del país.
DÍA 4 – Hakone y el monte Fuji, camino de Kioto
Deja la maleta grande en el hotel de Tokio o mándala por takkyubin -el servicio de envío de equipaje, que cuesta unos 2.000 yenes y funciona como un reloj- y vete a Hakone con lo puesto. El circuito clásico es tren de montaña, funicular, teleférico sobre el valle volcánico de Owakudani y barco por el lago Ashi.
El Fuji aparece si quiere. Yo lo vi el segundo intento; la primera vez estuve tres días a su lado sin verlo. Por la tarde, Shinkansen a Kioto: dos horas y cuarto desde Odawara.
DÍA 5 – Kioto: Fushimi Inari, Gion y Kiyomizu-dera
A las siete de la mañana en Fushimi Inari estás prácticamente solo entre los diez mil torii naranjas; a las diez es una cola india. Sube al menos hasta el mirador de Yotsutsuji, que es media hora larga, y date la vuelta ahí si no quieres hacer la montaña entera.
Por la tarde, la ladera este: Kiyomizu-dera y las cuestas empedradas de Sannenzaka y Ninenzaka, que bajan hasta Gion. Un aviso: en Gion hay calles privadas donde está prohibido fotografiar, y está señalizado. Háganse el favor de respetarlo.
DÍA 6 – Kioto: Arashiyama y Kinkaku-ji, tarde en Nara
Otra vez madrugar, esta vez para el bosque de bambú de Arashiyama. Al lado está el templo Tenryu-ji, cuyo jardín me parece más bonito que el propio bambú, y el puente Togetsukyo. De vuelta, el Pabellón Dorado (Kinkaku-ji) y, si queda cuerpo, el castillo Nijo.
Nara está a cuarenta y cinco minutos de tren y da para una tarde: el Gran Buda del Todai-ji, los faroles de piedra del Kasuga Taisha y unos ciervos que hacen una reverencia para pedirte galletas y otra en cuanto se las das.
DÍA 7 – Osaka: Dotonbori, castillo y Kuromon
Osaka es la ciudad para comer. Kuromon Ichiba por la mañana, el castillo a media mañana -el parque vale más que el interior, que está reconstruido en hormigón- y la tarde en Dotonbori, que de noche es un anuncio de neón encima de un canal.
Takoyaki, okonomiyaki y kushikatsu. Y una regla del sitio: la salsa de los kushikatsu es comunitaria y no se moja dos veces. Lo dicen los carteles y lo dice el camarero.
Lo práctico
Trenes y el Japan Rail Pass
El JR Pass subió mucho de precio y ya no compensa automáticamente: para esta ruta, comprando los trayectos sueltos suele salir más barato. Haz la cuenta con los precios del día antes de comprarlo. Para el día a día, una tarjeta Suica o ICOCA -también en el móvil- vale para metro, autobuses y máquinas de bebidas.
Cuándo ir
- Finales de marzo y primeros de abril: cerezos, y todo el país de viaje al mismo tiempo. Reserva con meses.
- Noviembre: el otoño en Kioto, para mi gusto mejor que los cerezos y con menos agobio.
- Julio y agosto: calor húmedo de verdad y temporada de tifones. Yo lo evitaría.
- Enero y febrero: frío, seco y barato, y el Fuji se ve mucho más.
Cuatro cosas que conviene saber
- Se paga menos en efectivo de lo que dice la leyenda, pero lleva algo: templos pequeños y taquillas sólo aceptan monedas.
- No hay papeleras en la calle. Se lleva la basura encima hasta el hotel, y no es una exageración.
- En el tren no se habla por teléfono. En ninguno.
- Los alojamientos pequeños cierran la recepción a las diez de la noche. Si llegas tarde, avísalo antes.

