Corea del Sur es pequeña, está muy bien comunicada y en siete días se ve de arriba abajo: cuatro en Seúl, uno en la frontera más rara del mundo y dos en el sur, en Gyeongju y Busan.
Corea es el país de Asia que menos expectativas me generó y del que mejor recuerdo tengo. Cabe entero en Andalucía y media, tiene un tren que la cruza en dos horas y media y se puede ver bien en una semana, que es algo que no puedo decir de Japón ni de China.
La ruta baja de norte a sur: cuatro días de Seúl con una excursión a la zona desmilitarizada, KTX a Busan y una parada en Gyeongju. Se puede volar de vuelta desde Busan, que otra vez es el consejo que más tiempo te ahorra.
DÍA 1 – Seúl: Gyeongbokgung, Bukchon e Insadong
Empieza por el palacio Gyeongbokgung, el principal de los cinco de la ciudad, y cálzalo con el cambio de guardia, que es a las diez y a las dos. Truco que usa medio Seúl: si entras vestido con hanbok -hay alquileres en la puerta por unos 15.000 wones- la entrada es gratis.
Detrás está el barrio de Bukchon, con casas tradicionales hanok en cuesta y vistas del palacio por encima de los tejados. Es un barrio donde vive gente, hay carteles pidiendo silencio y horario de visita: házles caso. Baja luego a Insadong, de galerías y casas de té, y cena en el mercado de Gwangjang, entre puestos de bindaetteok y kimbap.
DÍA 2 – Seúl: Changdeokgung, DDP y Myeongdong
El segundo palacio, Changdeokgung, me gusta más que el primero porque no está alineado a escuadra sino adaptado a la colina. Su Jardín Secreto se visita sólo con guía y entrada aparte, y las plazas se acaban: sácala por internet.
Por la tarde, el este: el Dongdaemun Design Plaza de Zaha Hadid, que de noche se ilumina, y el arroyo Cheonggyecheon, que era una autopista elevada hasta que la tiraron y descubrieron el río que había debajo. Termina en Myeongdong, que es donde está la mitad de las tiendas de cosmética del país.
DÍA 3 – La zona desmilitarizada (DMZ)
A una hora de Seúl está la frontera con Corea del Norte, y sólo se puede visitar en excursión organizada y con el pasaporte encima. La visita estándar incluye el tercer túnel de infiltración, el observatorio de Dora y la estación de Dorasan, una estación de tren nueva y vacía con un andén que dice «Pionyang» y del que no sale ningún tren.
El acceso a la JSA -las casetas azules donde se firmó el armisticio- depende de la situación política y lleva años abriendo y cerrando. Pregúntalo al reservar. Vuelve a Seúl a media tarde y baña el día en Hongdae, el barrio de la universidad, que es lo más opuesto que se te ocurra.
DÍA 4 – Seúl: Namsan, el Hán y Gangnam
Sube a la torre de Namsan en el teleférico o andando por el parque, y quédate al atardecer: Seúl tiene diez millones de habitantes y desde ahí se entiende. Baja por el pueblo hanok de Namsangol e Itaewon.
La tarde, al sur del río: Gangnam, la biblioteca del Starfield COEX y, si hace bueno, alquilar una bici en los parques de la orilla del Hán y ver la puesta de sol desde el puente de Banpo. Los viernes y sábados de temporada hacen un espectáculo de fuentes en el propio puente.
DÍA 5 – KTX a Gyeongju: Bulguksa y los túmulos
Gyeongju fue la capital del reino de Silla durante mil años y hoy es un pueblo grande con la historia repartida por el campo. El templo de Bulguksa y la ermita de Seokguram, en la montaña de detrás, son Patrimonio de la Humanidad y la mejor arquitectura budista del país.
En el centro están los túmulos reales de Daereungwon -colinas de hierba perfectas que son tumbas- y el estanque de Donggung, que se visita de noche iluminado y reflejado en el agua. Duerme aquí o sigue a Busan, que está a una hora.
DÍA 6 – Busan: Gamcheon, Jagalchi y Haedong Yonggungsa
Busan es la segunda ciudad y es puerto, montaña y playa a la vez. Empieza por el pueblo cultural de Gamcheon, un barrio de casas de colores en la ladera que nació como refugio de la guerra y hoy está lleno de murales y talleres.
Luego el mercado de pescado de Jagalchi, el más grande del país, donde eliges en la planta baja y te lo cocinan arriba. Y por la tarde el templo de Haedong Yonggungsa, que está construido sobre las rocas, con las olas rompiendo debajo: es raro ver un templo budista al borde del mar y no en lo alto de un monte.
DÍA 7 – Busan: playa, acantilados y despedida
El último día, playa. Haeundae es la famosa y Gwangalli la que prefiero, con el puente iluminado enfrente y menos gente. Entre las dos está el paseo de Dongbaek, y más al oeste los acantilados de Taejongdae y la pasarela de cristal de Songdo.
Si te queda hueco, el barrio de Seomyeon para cenar y unos baños públicos -jjimjilbang- para llegar al avión como nuevo. Es una experiencia en sí misma y cuesta lo que un café y medio.
Lo práctico
Entrada al país
Corea pide una autorización electrónica llamada K-ETA, pero ha mantenido exenta a España y a otros países en prórrogas sucesivas. Como con China, es un trámite que cambia de un año para otro: míralo en la web oficial de K-ETA unas semanas antes y, si toca pedirla, házlo con margen porque no es inmediata.
Transporte
- Tarjeta T-money, que se compra en cualquier tienda 24 horas y vale para metro, autobuses y taxis de todo el país.
- KTX de Seúl a Busan: dos horas y media. Se reserva en la app de Korail o en la estación.
- Google Maps no funciona bien por restricciones de datos cartográficos. Descárgate Naver Map o KakaoMap: están en inglés y son excelentes.
- Los aeropuertos son Incheon (Seúl) y Gimhae (Busan). Entrar por uno y salir por el otro ahorra medio día.
Cuándo ir
Abril y mayo por los cerezos y el buen tiempo, y octubre y noviembre por el otoño, que en Corea es espectacular. Julio es el monzón y agosto es calor pegajoso; enero baja bastante de cero en Seúl, aunque Busan aguanta mejor.

